Una Educación Basada en Competencias - I. SOBRE EL APRENDIZAJE INFANTIL / 1. Cómo aprenden las niñas y los niños.

I. SOBRE EL APRENDIZAJE INFANTIL

1. Cómo aprenden las niñas y los niños.

En la Propuesta Educativa basada en el Desarrollo de Competencias se parte del reconocimiento de que las niñas y los niños son agentes activos de su propio aprendizaje: preguntan, buscan, exploran, observan, comentan y hacen muchas otras cosas más para conocer lo que su entorno les ofrece, sean personas, objetos, animales o fenómenos naturales; cualquier cosa que llame su atención se constituye en un objeto de conocimiento.

Conocer es una necesidad intrínseca del ser humano; conocer permite adaptarse y transformar la realidad. Las y los niños, conocen y aprenden a través de sus acciones cotidianas, construyen explicaciones de la realidad a partir de sus ideas previas; estas ideas son el resultado de sus experiencias con lo que les rodea, cuando conocen algo experimentan emociones y construyen explicaciones.

Por ejemplo, Carlitos de dos años, observa, y conoce a un perro, identifica que es peludo, mueve la cola y ladra. Se forma una idea del perro. Si tiene la oportunidad de acariciarlo, de jugar con él, de llamarlo “Gonzo”, en una palabra, que se convierta en su mascota, entonces se emociona, se alegra cuando se le acerca y su idea del perro se hace más cercana y profunda. Cuando se encuentre a otro perro, no importa si sea del mismo tamaño, color o raza, le llamará “Gonzo”; le transfiere tanto las características de su perro como las emociones que siente con su mascota.

Lo anterior implica que ha construido internamente una imagen o esquema del perro, gracias a que tuvo la oportunidad de vivir experiencias, tanto cognitivas, como afectivas. Ese esquema le servirá a Carlitos, para relacionarse con otros perros y también con animales similares como borregos o chivos.

Es decir, Carlitos meterá o asimilará a su idea de perro “Gonzo” a los otros perros o animales que conozca; y los “obligará” a que “tomen la forma” de su idea de perro. En este sentido, los otros perros o nuevos animales, se deforman para entrar en la idea inicial de perro “Gonzo” que tenía Carlitos. Pero una vez que tenga experiencias diferentes, como que un perro que acaricie le ladre o trate de morderlo, él cambiará su idea previa de perro; es decir se acomodará a la nueva experiencia.

Estos modelos de aprendizaje seguirán funcionando durante toda la vida del sujeto; por eso cuando los niños y las niñas se enfrentan a nuevos objetos, los conocen a partir de sus ideas y emociones previas. Así, si sus primeras experiencias con los números son difíciles, poco claras y les causan frustraciones y enojos, difícilmente podrán enfrentar con éxito y gusto el aprendizaje de los porcentajes o cualquier otro conocimiento numérico.

Otro ejemplo se da cuando después de haber estudiado la digestión del ser humano y se presenta el aparato digestivo de los rumiantes; niños y niñas esperan que estos animales, sean internamente igual a ellos. Es decir asimilan la función del aparato digestivo de los rumiantes a la idea que tienen de su propio estómago. Si se les explica que los rumiantes tienen más de un estómago y que para pasar el alimento de uno a otro, deben volver a masticar la comida, aceptarán la idea de que existen animales que tienen más de un estómago; esto implica un proceso de acomodación. Sin embargo, niños y niñas siguen pensando que la masticación y los estómagos son iguales a los del ser humano. Es decir, la asimilación predomina en las ideas infantiles.

 

En esta ilustración de Francesco Tonucci como en los ejemplos anteriores podemos observar que niñas y niños asimilan la nueva información que reciben y la acomodan a sus ideas previas en un proceso lento que requiere de una gran variedad de experiencias para que pueda construirse un nuevo conocimiento. Mientras tanto, seguirá rigiendo su idea original.

Estas dos estrategias para construir el conocimiento, asimilación y acomodación, buscan constantemente un equilibrio que permite a las personas comprender la realidad y relacionarse de forma exitosa con el entorno. El hecho de asimilar lo nuevo que se conoce a las ideas anteriores y de observar que la realidad no es como uno se la imaginaba, provoca conflictos cognitivos y afectivos y resistencia a transformar sus nociones y emociones previas. Es decir Carlitos enfrenta un dilema cuando el nuevo perro le gruñe. En un primer momento insiste en tocarlo, pero el perro no le responde como su mascota “Gonzo”, entonces Carlitos tiene un conflicto afectivo y cognitivo.

Ante los nuevos aprendizajes, niños y niñas tienen conflictos cognitivos y afectivos, porque sus nociones y sentimientos anteriores no coinciden con los nuevos conocimientos, como sucede con el estudio del aparato digestivo de los rumiantes.

Si las y los docentes tomamos conciencia de los momentos de asimilación y acomodación de niños y niñas y de que las explicaciones que nos parecen “erróneas”, no son más que conflictos afectivos y cognitivos necesarios en el proceso de aprendizaje, muy posiblemente aceptemos que los “errores” son una parte natural de dicho proceso.

Estos “errores” o etapas del proceso han sido profundamente estudiados, en el caso de la lengua escrita, por Emilia Ferreiro y Ana Teberosky. Sus aportaciones han permitido entender y apoyar el proceso de aprendizaje de la lectura y la escritura.

Un ejemplo de las investigaciones realizadas se da cuando las niñas y niños pequeños consideran que los nombres escritos tienen relación directa con los objetos. Por eso el nombre de un objeto o animal pequeño será corto y el de un objeto o animal grande será largo.

Como se observa, en la escritura del niño, el nombre de la mariposa es el más pequeño y el del caballo el más largo, correspondiendo al tamaño que percibe de los animales.

Las estrategias para construir el conocimiento, así como los conflictos cognitivos y afectivos a los que nos enfrentamos cuando conocemos nuevos objetos y situaciones, sufren cambios en el transcurso de nuestra vida.