La Sociedad de la Mente

Deberíamos hacer que todo fuera lo más simple posible, pero no más.

 

Albert Einstein

 

Este libro trata de explicar cómo funciona la mente. ¿Cómo puede surgir la inteligencia de algo no inteligente? Para hallar una respuesta, demostraremos que es posible construir una mente a partir de muchas partes pequeñas, que en sí mismas no la poseen.

Llamaré “sociedad de la mente” a este modelo, según el cual cada mente está formada por numerosos procesos más pequeños. Daremos a estos procesos el nombre de agentes. Por sí solo, cada agente no es capaz de realizar más que alguna cosa sencilla que no requiere en absoluto poseer mente ni pensamiento. Sin embargo, cuando reunimos a estos agentes en sociedades –de ciertas maneras muy especiales- se desemboca en la verdadera inteligencia.

En este libro no hay nada demasiado técnico. El también es una sociedad, formada por muchas ideas pequeñas. Cada una, por sí misma, no es más que sentido común; sin embargo, cuando las reunimos en número suficiente, podemos explicar los misterios más extraños de la mente.

Una dificultad que se nos presenta es que estas ideas tienen muchísimas interconexiones. Rara vez mis explicaciones avanzan en línea recta y nítida del principio al fin. Ojalá hubiera podido ordenarlas para que al lector le fuera posible escalar directamente hasta la cima, ascendiendo escalones mentales, uno por uno. En cambio, ellas aparecen enlazadas en enredadas madejas.

Quizás la falla sea verdaderamente mía, por no haber logrado hallar una clase base de principios prolijamente ordenados. Pero me inclino a pensar que la culpa está en la naturaleza de la mente: gran parte de su poder parece emanar precisamente de los confusos modos de interconexión de sus agentes. Si esto es así, esta complicación es inevitable; lo único que podía esperarse de las incontables estratagemas de la evolución.

¿Qué podemos hacer cuando las cosas son difíciles de describir? Comenzamos por trazar un esbozo de las formas más gruesas, para que sirvan de andamios a las demás; que algunas de estas formas resulten luego parcialmente erróneas no tiene demasiada importancia. Después, agregaremos detalles para dotar a estos esqueletos de una carnadura más realista. Por último, en la tarea de integración final, descartaremos aquellas primeras ideas que ya no encajan.

Esto es lo que hacemos en la vida real, con los rompecabezas que parecen muy difíciles. Sucede lo mismo con una vasija rota, o con los engranajes de las grandes máquinas. Hasta que no se ha visto algo del conjunto, es imposible hallarle sentido a ninguna de las partes.